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El género de las monedas

Siempre me ha intrigado por qué a algunas monedas les damos género masculino (el dólar, el yen, el euro…) y a otras femenino (la libra, la corona, la lira turca…). Es curioso, porque no parece que haya otra razón que habérselo asignado el habla popular. Parece un caso parecido al de las marcas de los coches, que siempre se designan en masculino (tengo un Ford, un BMW, un Mercedes), o de las motocicletas, que siempre se designan en femenino (tengo una Honda, una Kawasaki, una Harley Davidson…). Pero, ¿qué nos puede llevar a las personas a designar cosas con un género u otro?

En el caso de las monedas, tras revisar una lista de todas las divisas del mundo, parece que el género femenino solo se le otorga a las que terminan en a, por ejemplo, aparte de las que he mencionado en la primera línea, estaría el caso de la rupia. En todos los demás casos (de monedas muy conocidas) se les concede el género masculino, como el rublo, el peso, el yuan/renminbi, etc.

En el caso de los automóviles que mencionamos en el primer párrafo, al ser la palabra «automóvil», o como decimos en España «coche» o en Latinoamérica «carro», términos de género masculino, quizá de ahí que popularmente e incluso inconscientemente les damos ya ese género a las marcas de los autos, y por tanto decimos «me he comprado un Renault», o «el coche que me gustaría es un Porsche».

Y de forma análoga, el caso de las motocicletas, en España cariñosamente también se las llama «burras», siempre en femenino, de ahí que digamos «tengo una Triumph; me gusta mucho la Yamaha;ۚ o estoy pensando en comprarme una BMW». Es curioso este último caso, porque si el vehículo BMW que quisiéramos comprar fuera un automóvil, entonces diríamos «me voy a comprar un BMW». Curioso, ¿verdad?

Volviendo al caso de las monedas, asistimos en estos tiempos a la irrupción de las llamadas criptomonedas, es decir, monedas virtuales, que no se imprimen físicamente como las monedas fiduciarias, ni están respaldadas por un gobierno o una autoridad monetaria, sino que son estrictamente privadas. Pues bien, algunas empiezan a ser ya muy conocidas, como el caso del Bitcoin, al que todo el mundo ya llama así «el Bitcoin», con género masculino. Por lo que deduzco que en este caso se utilizará el mismo criterio en el habla popular que se empleó con las monedas tradicionales. He repasado la lista de las 10 primeras criptomonedas (por capitalización de mercado) y solo una termina en la letra a, la llamada ADA, y supongo que si acabara siendo una moneda conocida y utilizada, seguramente la gente se referiría a ella como «la ADA» (igual que la libra, la lira, la rupia, etc.).

Ahora mismo, como las criptomonedas son tan desconocidas, y unas aparecen y otras desaparecen con rapidez, a la hora de traducir y nombrarlas en un contexto en el que hay que otorgarles un género, queda extraño decir, por ejemplo, «el Ether es una cripto con mucho futuro» o «el Litecoin llegará a 50 $ a finales de año», pero lo mismo nos pasaba hace poco tiempo con el Bitcoin, y ahora que todos la conocen, se le concede ese género masculino con toda naturalidad. Estaremos atentos al desarrollo de los acontecimientos.

Rubén Pedro López

Traductor Freelance: Ing > Esp > Ing Freelance Translator: Eng > Spa > Eng

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