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¿Haces traducciones “bellas infieles”?

En Francia, en el siglo XVII, se puso de moda realizar unas traducciones a las que se llamaron las “bellas infieles”. Se trataba de textos clásicos, cuyo contenido se creyó desactualizado para el gusto de la época, por lo que sus traducciones se realizaron libremente para hacerlos más “bellos”, es decir, más acorde con las ideas que imperaban en la época, pero que, por supuesto, no guardaban fidelidad al texto original. Como resultado, la traducción de aquellos textos fue más una nueva obra que una traducción. Recuerdo perfectamente las traducciones “bellas infieles” de la clase de Historia de traducción en la universidad y las sigo teniendo presentes muy a menudo, por ejemplo, cuando me llegan textos de clientes para traducir que están mal escritos, desorganizados, con errores de concordancia y, hasta faltas de ortografía. Es decir, cuando me llegan textos “horrorosos” que yo luego, acordándome de esta escuela francesa, convierto en “bellos infieles”.

Porque ¿acaso no es infidelidad convertir un texto, cuya elaboración se ha descuidado, su puntuación ignorada, su estructura alterada, y cuyo resultado es un texto confuso, desorganizado, difícil de leer, en un texto perfectamente legible y claro? Y todavía me quedan menos dudas en cuanto a lo de convertir un texto “feo”, es decir, mal escrito, con faltas de concordancia y errores gramáticales, en otro “bello”, sin dichos errores y faltas. Sin mencionar la infidelidad que asimismo se comete al salvar la mala imagen que el texto original ofrece de su supuesto redactor. Sí, reconozco que me siento como aquel Monsieur Perrot D’Ablancourt que en el siglo XVII realizaba este tipo de traducciones.

El tema es delicado pues cuando se recibe un texto mal redactado y que, sobre todo, induce a confusión, hay que tener mucha delicadeza a la hora de tratar con el cliente al respecto, pues pueden sentirse ofendidos. No se debe decir nunca que son errores sino que necesitas una aclaración para poder traducir correctamente el texto. A mí me pasaba con frecuencia cuando trabajé en empresas informáticas. Había multitud de especificaciones que los desarrolladores escribían y que yo luego tenía que traducir. Un gran número de ellas (pues también recibía textos perfectamente redactados) estaba repleto de errores de concordancia, antecedentes y consecuentes perdían su relación, se empezaba hablando de algo en singular y se acababa haciendo referencia a ello en plural, lo cual confundía y requería aclaración. Los informáticos suelen ser ingenieros que normalmente dejan de estudiar asignaturas de lengua en el instituto, por lo que a quienes su profesión exige redactar textos, o se forman por sí mismos, ya sea leyendo libros o asistiendo a algún curso de formación, o el resultado no será muy bueno que digamos. Y según mi experiencia, este último caso era el más frecuente, pues empezaban a redactar sin planificación previa, sin tener claro en mente el objetivo, encadenando una idea tras otra según se les iba ocurriendo. El texto podía ser perfectamente comprensible para ellos pero para el resto resultaba ininteligible.

En estos casos, me tocaba ir a verlos y pedirles aclaración. Como decía más arriba, con delicadeza, con mucho “don de gentes” para evitar que se pudieran sentir incomodados. A fin de cuentas se trataba de compañeros de trabajo y era preferible llevarse bien con ellos. Luego volvía a mi sitio a desarrollar esa idea, organizando y dando forma al texto, de forma que quedara perfectamente encadenado, que fluyera y fuese perfectamente entendido; a convertir un texto oscuro en otro claro. Es decir, a realizar traducciones “bellas infieles”.

Rubén Pedro López

Traductor Freelance: Ing > Esp > Ing Freelance Translator: Eng > Spa > Eng

2 Comments

  1. Dear Pedro, what you describe is actually the job every translator should perform in order to achieve a “fathful” translation. What is worse in my eyes, is when translators are criticized as “traitors” (traduttore-traitore) because of translating the “meaning” instead of sticking to words.

    • Hi Bernd, thanks for your comment! Yes, I think we could be called “traitors”, but in a positive sense, especially when texts are written by non-professional writers, as we turn non-professional texts into professional ones. It is as simple as this. And in our business this is quite a common situation.

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